Déjame que le cuente al mundo que a veces eres mío en mi habitación. Quiero gritar, que todos sepan que cuando te tengo no existo, no respiro, no pienso, no sé si disfruto porque me sumerjo tanto en las arrugas de tu piel que creo que me vuelvo ausente. Te miro ahí tumbado en el después y te cuento cosas que jamás pronunciaré, mantenemos conversaciones que nadie sabe escuchar, nuestro mundo se vuelve una película en versión original y nos leemos los subtítulos en las pupilas para no pronunciar lo que no quieres decir, lo que yo no quiero escuchar, porque así soy feliz. Sabes que eres mi todo y yo sé que soy toda tu nada. Pero estoy aquí, aquí esperaré.
Y tú no sabes que mi amor tiene mantenimiento sencillo, no necesita rosas en San Valentín, sólo un beso antes de dormir.
Ven y méceme en tus brazos, besa mi frente y cierra mis ojos. Posa tus labios en mi sien y respira hondo, ¡calla! No digas nada, soy feliz.
Aunque en esta vida todo ya sea vano, en la siguiente me esforzaré para merecerte. De momento y a la espera, permaneceré inerte.